sábado, 21 de mayo de 2011

La caja naranja (II)

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[Int]Medicina, análisis de radiación en toda la nave. No sé hasta qué punto está aislado este trasto de los rayos gamma. Y Capitán, creo que Comunicaciones está terminando de juguetear…
-          [Com] ¡Ya lo tengo! Vamos a oírles en breves segundos. Evidentemente, no entenderemos absolutamente nada…  ¡pero les oíremos!
-          [Int] En cuanto a eso, informo de que tengo varias placas dedicadas a la captación y análisis de patrones para intentar cuanto antes comprender su idioma. No sé cuánto les podrá llevar calcular una primera estimación, señor.
-          [Com]¡Atentos a sus cascos!
-          [Int] ¡Por cierto! Quería decir que nos van a…
-          [Com] ¡Sonando!
[…]
[… silencio…]
[…]
[… silencio…]
[…]

Grabación pausada>>

-          ¿Qué ocurre, Brazo Lough Penn? ¿Por qué no escuchamos nada?

Hasta ahora, la Cámara había asistido en un espeluznado silencio a la escucha de aquella caja, de un vivo naranja, que la Brazo Lough Penn había transmitido a sus superiores de forma no encriptada unas horas antes vía Red Interna, nada más entrar dentro de alcance del sistema Tierra. Tras el aterrizaje, ella fue conducida de urgencia al precipitadamente convocado XLI cónclave del Consejo de la Paz, donde todas las potencias del Sistema Solar estaban representadas y su seguridad garantizada para el trato de alto nivel entre las diversas naciones de la humanidad. Cualquier encuentro de aquel Consejo implicaba una paralización inmediata e inviolable de todo conflicto u operación en curso, bajo penas tan severas y plausibles que en más de seiscientos años de historia nadie había osado contravenir su estricta reglamentación.

 La reunión era presidida por la Alta Representante de la Organización Interplanetaria Geena Gabl Stone, por el Emperador Tse Yang Okanao de Vieja Asia, y por Klaus y Tanja Austerlitz,  Cónsules de políticas generales y de defensa de La Unión, respectivamente. A su vez, aquel grupo actuaba en representación de las más poderosas naciones de la humanidad. Cuando la Brazo Lough Penn entró en la abarrotada sala y fue presentada a sus miembros, el ambiente de tensión era muy palpable, y aquella vez no era debido a las rencillas entre distintas organizaciones estatales. Esta vez, la situación era muy distinta. La amenaza era cristalinamente distinta.

 Tras unos preliminares bastante más breves de lo habitual, se procedió a la presentación de los protagonistas de la escucha que iba a tener lugar, en la que todos los miembros de la sala se sumergieron atentamente, y cuyos perfiles estaban disponibles en el documento “Informe I”, redactado apresuradamente por la Brazo Lough Penn. A continuación, se procedió directamente a hacer público el contenido de la caja negra de la FX-245 Einstein, iniciándose la reproducción. La grabación avanzó, y avanzó,  la sala en absorto  silencio, hasta que se iba a poder escuchar a los extraterrestres. Se iba a escuchar al primer contacto humano con otra especie inteligente de la Historia. Y cuando se alcanzaba este momento culmen, justo cuando debiera haberse alcanzado, no se oyó su voz. Y entonces,  la Alta Representante Gabl Stone formuló aquella pregunta, aquel “¿Qué ocurre, Brazo Lough Penn? ¿Por qué no escuchamos nada?” con el que se interrumpió la reproducción. Y en ese instante, en ese preciso instante, fue cuando el Consejo emergió del silencio, convirtiéndose en un violento torrente de voces, gritos, opiniones, gestos alarmistas, corrillos, voces indignadas. Convirtiéndose en un torrente de angustioso miedo.

Y ahí, en pie, en el centro de la sala, e imperturbable, incluso chulesca, la Brazo Lough Penn no respondía a la pregunta.

-          ¡SILENTSIO! ¡SILENTSIO TODO EL MUNDO! – la colérica voz del Emperador retumbó por toda la sala - ¡SI-LEN-TSSIO!
-          Si no, Consejeros, tendremos que aplicar las sanciones estipuladas en el Código del Consejo de la Paz por disturbios en Consejo – acotó suavemente el Cónsul Klaus Osterlitz. Tan suave, tan amenazador, que no tardó demasiado en recomponerse primero un suave murmullo, luego, el silencio previo. Aquel era un hombre desconcertante.
-          Ahora ya puede responder, Brazo. ¿Por qué no podemos escuchar nada?

La antigua ayudante del Capitán Duré dio unos pocos pasos por el centro de la cámara, donde todos podían verla. Su pose era altiva, su mirada, dura.

-          Yo tampoco lo termino de entender, miembros del Consejo. La única explicación racional posible es que a Comunicaciones Luke Shaw Clark dejara la escucha en modo privado para la nave. Pero en aquellos dos años que trabajó con nosotros, puedo afirmar y afirmo que era el mejor Comunicaciones con el que había trabajado nunca, y tenía una sangre fría sólo inferior a la de su hermano. Me extrañaría mucho que hubiera sido tan torpe aquí. Abogo más bien por algún tipo de interferencia causada por los alienígenas, Consejeros. Ellos no querían que les oyésemos.
>> Conviene no perder de vista que en estos instantes, nosotros ya no estábamos en la nave. Yo tampoco oí a los alienígenas. Permítanme recordar que el protocolo Fermi de entrada en contacto con otras especies inteligentes es una doctrina muy conservadora: mientras los establecidos como secciones fundamentales deben permanecer en la nave con esperanza de tomar contacto, el resto de personal debe evacuarla en todas las direcciones posibles para, en caso de que las intenciones de la nueva especie no sean pacíficas, tener oportunidad de escapar y tener posibilidades máximas de presentar informe. Tal y como estoy haciendo ahora, señores.
-          Brazo Lough Penn, el tiempo es algo valioso. La presidencia le ruega que vaya al grano – le inquirió la Alta Representante Gabl Stone.
-          Alta Representante, con todo el respeto, pero la animada conversación que miembros de este Consejo mantenían hace pocos segundos no parece obedecer a tales propósitos. Lo que estoy contando es por algo, y le rogaría me permitiera seguir sin absurdas interrupciones.
-          ¡Brazo Lough Penn! ¿Cómo se atreve a…?
-          Alta Representante, tranquilícese – intervino de inmediato el Cónsul Klaus Austerlitz, con aquella calma brutal. La Alta Representante lo miró con un frío odio que ni le inmutó – Usted misma nos presentó hace unos minutos a la Brazo como una persona exigente. Su actuación y sus recientes palabras no hacen sino mostrarnos que es coherente a esa acertada definición que tan bien nos facilitó.  Prosiga, por favor. Nadie más – y dijo esto recorriendo la sala con la mirada – la interrumpirá, Brazo.
-          Gracias, Cónsul. Así pues, ehem. Decía: ¡Señores, estamos escuchando conversaciones de una de las cajas negras de la nave, que aquí tenemos! Pero no conviene olvidar que la caja la llevaba conmigo en mi nave de evacuación, como de hecho llevaban consigo cajas prácticamente todos los que habíamos evacuado la nave. Y… evidentemente, ninguno nos encontrábamos en la Einstein. La grabación de estos sucesos era mediante comunicación electromagnética de la caja con la nave. Con la brutal capacidad que los extraterrestres tenían para interferir, no me extrañaría que hubieran dejado pasar sólo la información que ellos quisieran, miembros del Consejo.

La Brazo calló por unos instantes, dando a entender que había dado por concluida su contestación.

-          ¿Qué nos queda por oír, Brazo?
-          El cómo los alienígenas se aproximaron a la FX-245 Einstein. Cómo la asaltaron. Cómo se les vio por primera vez… desgraciadamente, la caja negra no guarda imágenes. Y muchas más cosas. Merece la pena que lo oigan ustedes mismos, Consejeros. Honestamente, creo que será mejor que no se formen por mi causa ideas preconcebidas.

De nuevo la Brazo calló, adoptando una posición incitadora: parecía que quisiera seguir hablando.

 La Cónsul Tanja Austerlitz carraspeó brevemente, dando a entender que también ella deseaba intervenir.

-          Tiene la palabra, Cónsul.
-          Gracias. Brazo, verá… como especialista militar, considero fundamental conocer el estado anímico de los participantes en una contienda.  Nunca olvidaré que, por algo, hoy día las guerras son libradas en su parte más cruda por robots. Antes de proseguir con la escucha de la grabación, quisiera oír su opinión de primera mano acerca del estado psicológico de los miembros fundamentales de aquella tripulación.
-          Cartografía Mercedes Mateo Klein no se inmutó un ápice. Era una profesional, en cualquier situación.  El doctor Andrew White Brook, se limitó a cumplir su misión fríamente, haciendo honor a su fama de científico despiadado. Comunicaciones Luke Shaw Clark siguió tan brillante como siempre, sólo que bastante más apasionado incluso de lo habitual. El Capitán Jean Kristof Duré Maijon se vio sobrepasado, cosa que ciertamente me sorprendió, con su historial y… conociéndolo, Consejeros. Personalmente, considero que su mayor acierto fue su eficiente aplicación del protocolo Fermi, y cómo fue capaz de hacerse a un lado, de simplemente preguntar. Y es que sin duda, el cambio más brutal fue el de Inteligencia Saul Shaw Clark. De actuar como un completo idiota, como un niñato malcriado, pasó a comportarse como Capitán de facto… y de forma. Y no sólo eso, si no que fue brillante. Más de lo que nunca jamás había esperado. Personalmente: fue impresionante. Ahora lo verán.
-          Entonces, ¿ha terminado? – demandó el Cónsul Klaus Austerlitz. La Brazo asintió – En ese caso, ahora sí, creo que podríamos proseguir con la escucha, caballeros. ¿Alguien se opone?

Todos los miembros de la sala volvieron a tomar sus cascos y sus traductores estándar de forma casi coordinada. Y se prepararon para reemprender la escucha.
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